Supongo que de alguna manera me habrá tocado vivir la experiencia de varios tipos de evaluación, pero no recuerdo con exactitud cada una de ellas. Generalmente se basaban en un examen al final del curso, sólo una vez, y esto lo comenté ya en otra de las entradas, la evaluación era continuada (si entendí bien esto significa que diariamente éramos evaluados). Una cosa curiosa es que al final del curso los profesores también eran evaluados por los estudiantes a través de un cuestionario, según sus resultados les daban los mejores grupos y horarios, y no sé que tan bueno sería que dicha evaluación sucedía una vez que sabíamos nuestra nota final.
En lengua inglesa presenté el TOEFL (Test of English as a Foreign Language), me lo pedían como requisito para poder acceder a una beca y por eso lo presenté. Esta prueba contiene diversos ejercicios de listening, writing, speaking y grammar, cada uno tiene un tiempo determinado para cubrir los ítems y no hay posibilidades de corrección.
En Francés presenté el DELF (Diplôme d’Etudes de Langue Française). Cuando apliqué para este examen creo que aún no entraba en vigor la reforma que se hizo según El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), así que no tengo idea de lo que pueda equivaler ahora lo que aprobé en aquel entonces. A comparación del TOEFL, sentí que en el DELF se exigía menos, la aplicación era similar pero los criterios de evaluación eran más flexibles, por lo menos esa fue mi apreciación.
La única experiencia de evaluación que recuerdo como memorable, y no en el sentido positivo, fue en una clase de francés. Para empezar la maestra se tomaba todo bastante personal, cualquier comentario “fuera de lugar” (según a su parecer) era considerado como una agresión directa hacia ella. Claramente se notaba que tenía a sus favoritos de la clase y en un salón tan reducido (éramos como 8 alumnos) esto se podía apreciar a kilómetros de distancia. En el examen escrito no había tanto problema pero en el oral si, penalizaba más a los que no éramos sus preferidos y a los otros les perdonaba los errores. Para acabar se le ocurrió la brillante idea de que la nota final nos la daría en un café, y de no ir pues pasaría la calificación directamente a la secretaría sin posibilidades de negociación; yo no sé si no tenía vida social -la pobre- porque era bastante amargada y quería hacer migas con nosotros pero nos había tratado tan mal durante el curso que la dejamos plantada y creo que ni sus alumnos consentidos fueron al café.
En lengua inglesa presenté el TOEFL (Test of English as a Foreign Language), me lo pedían como requisito para poder acceder a una beca y por eso lo presenté. Esta prueba contiene diversos ejercicios de listening, writing, speaking y grammar, cada uno tiene un tiempo determinado para cubrir los ítems y no hay posibilidades de corrección.
En Francés presenté el DELF (Diplôme d’Etudes de Langue Française). Cuando apliqué para este examen creo que aún no entraba en vigor la reforma que se hizo según El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), así que no tengo idea de lo que pueda equivaler ahora lo que aprobé en aquel entonces. A comparación del TOEFL, sentí que en el DELF se exigía menos, la aplicación era similar pero los criterios de evaluación eran más flexibles, por lo menos esa fue mi apreciación.
La única experiencia de evaluación que recuerdo como memorable, y no en el sentido positivo, fue en una clase de francés. Para empezar la maestra se tomaba todo bastante personal, cualquier comentario “fuera de lugar” (según a su parecer) era considerado como una agresión directa hacia ella. Claramente se notaba que tenía a sus favoritos de la clase y en un salón tan reducido (éramos como 8 alumnos) esto se podía apreciar a kilómetros de distancia. En el examen escrito no había tanto problema pero en el oral si, penalizaba más a los que no éramos sus preferidos y a los otros les perdonaba los errores. Para acabar se le ocurrió la brillante idea de que la nota final nos la daría en un café, y de no ir pues pasaría la calificación directamente a la secretaría sin posibilidades de negociación; yo no sé si no tenía vida social -la pobre- porque era bastante amargada y quería hacer migas con nosotros pero nos había tratado tan mal durante el curso que la dejamos plantada y creo que ni sus alumnos consentidos fueron al café.
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