domingo, 8 de junio de 2008

miércoles, 4 de junio de 2008

Aprendizaje en línea


Nunca he aprendido una lengua en línea, lo más que he realizado son algunos ejercicios en francés y encontré una página de verbos en catalán (en esta se escucha la pronunciación de los verbos en todos sus tiempos).

Participé alguna vez en un diplomado por Internet pero que nada tenía que ver con el aprendizaje de una segunda lengua. No tenía idea de cómo funcionaba el aprendizaje en línea y por eso me inscribí porque quería tener esta experiencia. Utilizábamos tanto el genéro soncrónico como asincrónico. Había un foro en el cual el coordinador dejaba un tema y teníamos que participar en él y hacer comentarios a los demás compañeros, también tuvimos que formar equipos y hacer un proyecto en conjunto para lo cual nos conectábamos por las noches en el messenger y nos intercambiábamos los textos que trabajábamos.

Creo que el aprendizaje en línea tiene muchas ventajas, como el poder estudiar lo que uno desee sin que la posición geográfica en la que nos encontremos sea un inconveniente, además de que tenemos la libertad de elegir nuestros tiempos de estudio, la cuestión económica también se ve reflejada en este tipo de aprendizaje ya que no supone el desplazamiento hacia la escuela. Sin embargo, creo que los que somos inmigrantes digitales no estamos del todo preparados para aprovechar esta herramienta.

Evaluación


Supongo que de alguna manera me habrá tocado vivir la experiencia de varios tipos de evaluación, pero no recuerdo con exactitud cada una de ellas. Generalmente se basaban en un examen al final del curso, sólo una vez, y esto lo comenté ya en otra de las entradas, la evaluación era continuada (si entendí bien esto significa que diariamente éramos evaluados). Una cosa curiosa es que al final del curso los profesores también eran evaluados por los estudiantes a través de un cuestionario, según sus resultados les daban los mejores grupos y horarios, y no sé que tan bueno sería que dicha evaluación sucedía una vez que sabíamos nuestra nota final.

En lengua inglesa presenté el TOEFL (Test of English as a Foreign Language), me lo pedían como requisito para poder acceder a una beca y por eso lo presenté. Esta prueba contiene diversos ejercicios de listening, writing, speaking y grammar, cada uno tiene un tiempo determinado para cubrir los ítems y no hay posibilidades de corrección.

En Francés presenté el DELF (Diplôme d’Etudes de Langue Française). Cuando apliqué para este examen creo que aún no entraba en vigor la reforma que se hizo según El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), así que no tengo idea de lo que pueda equivaler ahora lo que aprobé en aquel entonces. A comparación del TOEFL, sentí que en el DELF se exigía menos, la aplicación era similar pero los criterios de evaluación eran más flexibles, por lo menos esa fue mi apreciación.

La única experiencia de evaluación que recuerdo como memorable, y no en el sentido positivo, fue en una clase de francés. Para empezar la maestra se tomaba todo bastante personal, cualquier comentario “fuera de lugar” (según a su parecer) era considerado como una agresión directa hacia ella. Claramente se notaba que tenía a sus favoritos de la clase y en un salón tan reducido (éramos como 8 alumnos) esto se podía apreciar a kilómetros de distancia. En el examen escrito no había tanto problema pero en el oral si, penalizaba más a los que no éramos sus preferidos y a los otros les perdonaba los errores. Para acabar se le ocurrió la brillante idea de que la nota final nos la daría en un café, y de no ir pues pasaría la calificación directamente a la secretaría sin posibilidades de negociación; yo no sé si no tenía vida social -la pobre- porque era bastante amargada y quería hacer migas con nosotros pero nos había tratado tan mal durante el curso que la dejamos plantada y creo que ni sus alumnos consentidos fueron al café.

martes, 3 de junio de 2008

Hermanos...


Metodologías




Generalmente cuando estudiaba inglés los profesores se centraban mucho en la gramática, en los primeros cursos sentí que no aprendía mucho y las clases se me hacían muy aburridas. Cada vez que iniciaba un nivel era como comenzar de nuevo, claro que de tanto repetir lo mismo uno termina por aprenderlo y esa sensación de haber aprendido sin darme cuenta me encantó. Esto me pasó cuando estudié en escuelas particulares, pero cuando me tomé en serio las clases descubrí que todo esos años estudiando gramática habían rendido sus frutos, sorprendentemente sabía hablar inglés!!! Y ahora era al revés, cuando la profesora explicaba cuestiones gramaticales yo ya no entendía nada pero sabía cómo hacerlo, al final era lo que me interesaba, poder hablar y entender la lengua. Debo confesar que nunca he sido buena para escribirla, ese no es mi fuerte.

Con el francés pues … mi primer contacto con esta lengua fue con una chica francesa, no era profesora pero daba clases particulares. No creo que haya tenido una metodología específica, a mi me daba la impresión que más bien seguía su intuición y usábamos un libro como texto de base pero las clases eran orales y nos pedía que escribiéramos como nosotros creíamos que se escribía. Después fui a una escuela y ahí era muy diferente la clase. La profesora desde un principio hizo que nos sintiéramos cómodos y en el grupo íbamos muy parejos, esto contribuyó a crear un ambiente de cooperación y camardería dentro de la clase.

Creo que no existe “La Metodología”. El profesor podría emplear diversas metodologías dependiendo de las necesidades y de los objetivos que los estudiantes de una segunda lengua tienen. Muchas veces el maestro no tiene la oportunidad de elegir cómo es que va a enseñar, estas normas le son dadas por la institución para la cual trabajan. En este caso se nota cuando no se siente cómodo con la metodología empleada y el resultado es que los alumnos tampoco aprenden como se supone deberían de hacerlo.



jueves, 22 de mayo de 2008

domingo, 18 de mayo de 2008

Teorías lingüísticas y psicológicas



En una de las escuelas donde estudié inglés recuerdo que muchas veces me sentí como si estuviera actuando, era un sentimiento compartido entre mis compañeros y yo, sentíamos que jugábamos a aprender y que el maestro jugaba a enseñar, como si toda la clase fuera actuada. Había restrucciones dentro del salón, la primera de ellas y la más penalizada era que estaba prohibido hablar en español (desde el primer día), el maestro tampoco podía hacerlo y creo que de alguna manera también se sentía limitado. Había ocasiones que no entendíamos alguna palabra y trataba de explicarla en inglés por todos los medios posibles, a veces la pescábamos pero otras no y estas eran las más desesperantes tanto para él como para nosotros; cuando no lo conseguíamos nos decía que al terminar la clase nos lo podía decir en español, era un poco absurdo, al final nos explicaba en español pero en esa hora de clase era imposible -e impensable- romper la regla.

Otras condiciones eran tener una buena actitud en la clase, ser participativo, ayudar al compañero y no hablar más que cuando se realizaba alguna actividad que así lo requiriera… ya se imaginarán lo espontáneos que podíamos ser.

Al finalizar cada clase nos ponian una nota que dependía de nuestro grado de participación, cooperación y cero español, siempre era lo mismo… ah! también el cumplimiento de la tarea contaba para la calificación así como la puntualidad. Si fallábamos en algunos de estos puntos la nota bajaba y al finalizar el curso se promediaban todos estos puntos y obteníamos así nuestra calificación final.

Funcionábamos a través de estímulo-respuesta y aún cuando todo esto no se escuche muy bien creo que ha sido el curso en el que mejor he aprendido …